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Monterrey en el ojo de las redes sociales por atentado

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Las redes sociales son un arma muy poderosa, para difundir información, pero también para difamar. Esta mañana en Monterrey, Nuevo León un menor entró a su salón de clases con un arma y le disparó a sus compañeros y a la profesora. Las redes sociales lo compararon con el atentado en Columbine, difundieron el video e imágenes con alto contenido de violencia, para después, señalar a Internet como culpable de manipular la mente de los niños.

El problema real no es que un niño haya entrado a su colegio en Monterrey y atentara contra sus compañeros de clase, un hecho lamentable, pero consecuencia de diversas fallas: el sistema educativo, la educación en casa y los tratamientos de salud psicológica. Este caso sólo ejemplifica la violencia que se vive en el país, pero aterrizado a la temática de este blog, ¿qué están haciendo los usuarios de redes sociales cuando señalan, rechazan, comparten u opinan sobre un caso violento?

Monterrey, un ejemplo de violencia compartida

 

El caso en Monterrey es un reflejo de la violencia compartida que vivimos, en el plano social que llega a difundirse a través de las redes sociales. Las redes sociales, al igual que la web, sólo son un medio que puede potencializar la compartición de una noticia, más no son los creadores de la misma.

La apertura del Internet ha permitido que se comparta todo tipo de contenido, sin conservar una línea editorial, seguir lineamientos o estar atado a un compromiso político, pero un grave problema, es la falta de educación digital, misma que debería enseñarse en las escuelas y en la casa. Que un niño tenga un teléfono móvil es inevitable, principalmente porque la digitalización es una tendencia que no se va a esfumar, pero también por los beneficios que trae que un niño esté comunicado permanentemente con su familia.

No se trata de quitarle un móvil a los niños, sino de educarlos. Poniendo como ejemplo el caso de Monterrey, en redes sociales se compartió el video de las cámaras de seguridad de la escuela, imágenes de las víctimas y del mismo agresor. Por un lado, los medios de comunicación con tal de ganar la nota y subir su nivel de engagement en redes sociales, difundieron el video sin importar el contendo violento, la privacidad de las víctimas o la identidad del agresor y por el otro lado, los usuarios de redes sociales se quejaban del hecho pero seguían compartiendo el video.

El doble discurso de las personas ha generado que a pesar de que existe un rechazo social hacia la violencia, la normalización haga que nos parezca correcto compartir este tipo de contenido en el único medio libre para opinar en masa, Internet.

Pensar antes de compartir

La solución principal al problema de lo que se comparte a través de redes sociales es la educación digital, inexistente hasta el 2017 en los planes de estudio de la SEP y UNAM. Mientras eso pasa, una solución inmediata es pensar antes de compartir, estar conscientes de las repercusiones que tiene que los seguidores que tienes en tus redes sociales vean el contenido que estás tentado a compartir. No compartir contenido de fuentes que no tenemos certeza de que sean verdad, comparar con la información que tienen otros medios, pero sobre todo, preguntarse, si tú estuvieras en los zapatos del agresor o sus familiares, de las víctimas, de la escuela o de los compañeros del colegio, ¿te gustaría que alguien compartiera ese video o esas imágenes?

La consciencia del alcance que tienen los medios sociales y los medios digitales es la principal arma para combatir la compartición del contenido “basura” o que no aporta nada positivo, antes de recurrir a medidas de censura en línea.

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